Foto: Nicole Descoueyte |
Es
cuestión que un par de ojos caninos me vean llegar para que se desate la
locura. Un perro emite un ladrido, y como si fuese por efecto contagio, sus 61
compañeros se unen a él, generando un caos de voces caninas que no cesarán
hasta que se hayan acostumbrado a la presencia de un extraño en la casa.
Carlos,
en su rol de mandamás, me da paso a su hogar, imponiendo tranquilidad en esa
tumultuosa marea canina, cual pastor que dirige a su rebaño. Es un hombre alto
y extremadamente delgado, pero muy determinado y de paso firme. Con su voz
fuerte y autoritaria, va ejerciendo el control, llamando por su nombre a todos
los integrantes del refugio. Todos los perros son bautizados al ingresar, y
generalmente es él quien los elige. Piensa en un nombre, llama al perro de esa
forma, y si él responde levantando su cabeza, como reconociéndolo, el nombre ya
es definitivo.
Al
recorrer el interior de la casa, resulta difícil caminar entre colchones cuidando
no pisar ninguna pata o cola de perro. La casa se ve invadida por objetos de
toda clase: desde antigüedades colgadas en las paredes hasta todo tipo de
utensilios para los perros. Carlos, con
su mandíbula dura, expresión y semblante serio, no espera a que haga preguntas,
y cuenta las historias de los perros. Recuerda todas y cada una de ellas de
memoria. “A este lo tenían en la Comisaría de Parque del Plata, les llegó
herido”, dice, señalando a un perro que está sentado con sus patas traseras
hacia adelante (ver imagen en galería). “Recibió
un balazo, llegó con la cola en carne viva acá. Pero así inválido como está
corre y todo. Ahora le estoy preparando un carrito para que pueda moverse
mejor” dice. Lucero se arrastra con sus patas delanteras: a pesar de su
accidente sigue movilizándose.
Carlos
está orgulloso de una piscina que han instalado para que los perros inválidos
puedan hacer su rehabilitación con hidroterapia. La misma está entre los
distintos caniles instalados en el fondo de la casa para los perros
problemáticos. “A Carapé, uno de nuestros perros, lo atropelló un ómnibus y
estuvo dos días tirado en una cuneta. Fueron dos días clave que se perdieron
para su recuperación”. Es uno de los animales que hace uso de la piscina. También
destaca la presencia de pitbulls en su refugio, a los cuales se los entiende
como perros de pelea cuando no necesariamente lo son. Afirma sin ningún tipo de
dudas que no les tiene miedo a los pitbulls, y que por eso mucha gente se los
trae al refugio.
“Sarita
tuvo que ser operada”, dice con respecto a otra perra. “Se abrió los puntos de
otra operación y se masticó las entrañas. Durante la operación me hizo paro
respiratorio. Mientras el veterinario la operaba tuve que hacerle masajes
durante una hora o más”, recuerda. Sarita, quien pudo sobrevivir a todo lo que
la vida le puso por delante, tuvo tres cachorros el año pasado. Hoy continúa
viviendo en el refugio. Solo ha sido posible este tipo de intervenciones
gracias a Juan Pedro Bottino, veterinario, que solamente les cobra los
materiales, y está a disposición para resolver cualquier situación que se
presente.
Carlos
tiene tantas historias de tragedias que ha pasado junto a los perros que resulta
difícil recordarlas todas. A pesar de que Carlos siempre va a intentar mantener
vivos a sus animales, reconoce que ha tenido que tomar la dura decisión de
sacrificar a un perro. “Hay que saber cuándo tomarla”, dice respirando profundo
y con la frente en alto.
La
identidad del refugio se compone de muchas vidas maltratadas. “Nosotros acá
tratamos de dejar atrás la vida que llevaban, de darles lo mejor”. Gran parte
de los animales que ingresaron al refugio, lo hicieron heridos, enfermos,
completamente descuidados y abandonados. Desde animales atropellados, con algún
hueso quebrado, hasta una perra que era violada por un hombre.
“Nosotros acá tratamos de dejar atrás la vida que llevaban, de darles lo mejor”
Al
tomar asiento, muchos perros se me acercan e intentan subirse a mi falda. Debajo
de la mesa se ven incontables cabezas, colas y patas, por lo que es difícil definir
cuántos perros duermen allí abajo, acurrucados entre ellos. Carlos se toma muy
en serio las jornadas de castración que se organizan, pero está en contra del
activismo extremista. “Si castráramos a todos los perros podríamos eliminar una
raza completa, o incluso todas las razas”. No repara en demostrar todos sus
conocimientos, adquiridos “con las manos en el barro”. No tiene estudios
específicamente en veterinaria, pero ha aprendido mucho relacionándose con el
mundo canino: tiene conocimientos de manipulación genética de animales, por
ejemplo.
Entre
tantas anécdotas e información, intento llegar al origen de todo esto. Carlos
dice, tímidamente, que siempre le gustaron los perros, pero por muchos años
tomó el camino del silencio. Todo empezó con el rescate de unos cachorros que
encontró en Marindia muchos años atrás, los cuales dio en adopción. Algo se
movilizó en su interior desde ese día.
Ángeles en Libertad by Nicole Descoueyte on Exposure
Enterarse
que había gente que vivía de los refugios de animales fue el punto de inflexión
para Carlos y su pareja, Fernanda. Decidieron hacerse voluntarios en un
refugio, del cual se decía que la dueña se quedaba para uso propio con el
dinero que iría destinado a los perros, y que además había malos tratos. “La
mujer (dueña del refugio) tenía varias enfermedades en la casa: desde parvo
virus a joven edad. Los cachorros que tenía se le morían. Las vacunas que se le
conseguían las vendía a vecinos del barrio”, explica Carlos, recordando aquella
etapa de su vida. Cuenta que fue dos veces y no pudo soportar más ver la
situación en la que se encontraban aquellos animales. “Fernanda se siguió
moviendo. Discutimos mucho por el tema. Pero ella consiguió registro de todo lo
que pasaba en ese lugar. En noviembre de 2014 el Municipio de Barros Blancos cerró
el refugio por malos tratos”.
El
día en que las autoridades decidieron sacarle a este refugio los animales que
tenía a su cargo, Carlos y Fernanda se vieron ante una decisión que cambiaría
sus vidas. De todos los perros del refugio que se quedarían sin un hogar, Fernanda
logró rescatar a 15 de ellos. “¿Qué hacemos?”, fue el primer planteo. “Y bueno,
traelos para casa. Después vemos”, respondió Carlos en aquel momento. Sonríe cuando
termina de decir esa frase, y sus ojos quedan muy pequeños en su rostro. Ese
“después vemos” terminó siendo lo que son hoy: el refugio “Ángeles en Libertad”,
desde hace dos años y medio.
El
proceso de crecimiento fue como una bola de nieve: “la gente te va pidiendo
ayuda y siempre algún lugarcito hacés por un perro”, dice él, reconociendo que
hoy en día prestan atención sobre todo a los casos más críticos. Según los
cálculos de Carlos, han ingresado al refugio un total aproximado de 80 perros. A
todos esos animales se suman los aproximadamente ocho que son de ellos y no
están en adopción. A pesar de todo esto, Carlos mantiene los pies sobre la
tierra en algún punto: su refugio de perros fue abrir las puertas de su casa.
No hay espacio para todos los perros que pueda rescatar. Tampoco “les dan los
cuerpos” para más ingresos. “La gente no piensa, te traen a los perros y se
enojan si no los aceptás. Somos un refugio, pero no tenemos la obligación de
recibir a cualquier perro que traigan”, dice Carlos indignado. “Y muchas veces
gente llena de guita. Nosotros a veces no tenemos ni 20 pesos para comprar un
litro de leche”, interviene Fernanda.
Según los cálculos de Carlos, han ingresado al refugio un total aproximado de 80 perros
El
trabajo permanente de Carlos es el refugio. Ni él ni su pareja tienen un
trabajo fijo en el momento. “Esto es un laburo de 24 horas. Siempre estás
pendiente de la comida, de los desechos, de que no se peleen o se lastimen,
de los ruidos por los vecinos”, dice. Si bien sus vecinos en general se
solidarizan con el refugio, no todos ven la situación de la misma manera.
Carlos monta en cólera cuando recuerda que uno de sus vecinos les hizo una
denuncia recientemente por ruidos molestos. Se ve satisfecho con que la policía
no encontró ningún problema al visitar el refugio, y que por lo tanto esa
denuncia no pasó a mayores.
Fernanda
hace hincapié en que debe levantarse incluso de madrugada a atender a los
perros. A pesar de esto, ambos plantean que la parte más difícil se remite a la
respuesta de la gente: algunos golpean la puerta de la casa en cualquier
horario, a veces solamente para conocer a los perros.
—Me
imagino que siendo esto un trabajo de 24 horas, habrán dejando muchas cosas de
lado…
—Todo
dejás de lado —dice Carlos— Familia, amigos, todo.
—Hasta
la relación de pareja se complica. Somos conscientes, tratamos de remarla —Fernanda
desvía la mirada. Se hace un silencio por unos instantes, donde solamente se
escucha el informativo en la televisión de fondo.
Carlos
no habla de su trabajo directamente. Trabajaba en un Supermercado en el horario
nocturno, pero no hace referencia a eso. Ha trabajado anteriormente en la
construcción, y actualmente recibe ingresos de trabajos puntuales vinculados a
eso. Fernanda es más abierta: “Yo dejé de trabajar primero porque me
enfermé, después porque nos llenamos de perros, después porque siempre para ir
a Montevideo tenía una excusa diferente. Estaba cansada de llegar a las 9 de la
noche y tener que seguir con los perros. Al otro día a las 6 de la mañana lo
mismo”. Fernanda afirma “esto no es vida”. Para ambos, en muchos casos, este
trabajo implica hacer menos comidas al día, comer apurados o a escondidas de
los perros.
El
asunto económico es muy fluctuante. Tienen una cuenta en Abitab, pero “nunca
sabés si las personas depositan, cuándo lo hacen, cuánta cantidad. Por eso
tratamos de manejarnos por ventas en la feria, cosas que nos da la gente para
vender o productos nuestros como tazas, alcancías, remeras”, explica Carlos,
afirmando que la parte difícil de lo que hacen es idear distintas maneras de
conseguir ingresos. En verano de este año realizaron una jornada en la ruta
para recaudar fondos, y Carlos dice que la gente ha colaborado. A pesar de todo
esto, los resultados no son esperanzadores. “Los recursos hay sacarlos de abajo
de la piedras. Solo en comida son 25 o 30.000 pesos por mes. A eso sumale vacunas,
atención veterinaria, si a alguno le pasa algo, si hay que operar”. Hace muy
poco tiempo han logrado salir de una deuda de 14.000 pesos solamente en comida
para perros.
Foto: Nicole Descoueyte |
Carlos
y Fernanda esperan la personería jurídica para que la Intendencia de Montevideo
les otorgue un terreno amplio para edificar y tener a los perros con mayor
comodidad. Pero esto solo sería una solución en cuanto al espacio que estos
animales necesitan. “No estamos cómodos. El que viene acá y fue a otro refugio
te dice que estamos precarios”, dice Fernanda.
“Sí, pero mirá que ningún otro tiene piscina”, dice Carlos con una
sonrisa.
—El
pueblo no nos paga para que nosotros tengamos a los perros, pero ¿te imaginás
lo que serían las calles si no existieran los refugios?— dice Fernanda.
—Lo
solucionan matándolos a todos como quieren hacer en Salto. La solución es la
perrera, como se hacía antes. Pasaban tres días ahí, y si nadie pasaba a
reclamarlos los metían en cámaras de gas o los inyectaban — dice Carlos,
frustrado.
Hoy
en día en Uruguay existe una superpoblación de perros. Un 67% de los hogares
del país tiene a su cargo por lo menos uno de los 1,7 millones de perros
domésticos de los que se tiene registro, según un estudio realizado por la Comisión Nacional Honoraria de Tenencia Responsable y
Bienestar Animal. Por esto es que el Ministerio de Ganadería pretende
implementar un registro electrónico obligatorio y control de natalidad, como un
intento de paliar dicho problema, buscando controlar la cantidad de perros
callejeros que existen, y visualizando que los refugios de animales no dan
abasto.
Carlos,
ante todo esto, ve un problema importante en la mentalidad de nuestra sociedad:
se adopta o se compra un perro y después se abandona. Habla sobre proyectos que
mejorarían la calidad de vida de los animales. “Hay una ley, pero no se cumple.
¿Por qué no se cumple? Porque ni los jueces, ni los fiscales, ni la policía están
capacitados para hacerla cumplir, y menos para cambiar la cabeza.
Lamentablemente el uruguayo se modifica a la fuerza”, expresa sin que la duda
asome entre sus palabras y con mucha seriedad. Denuncia la falta de apoyo en
materia del maltrato animal, y que si bien la ley que se relaciona con ello ya
está aprobada, la misma no tiene penas debido a que, al elaborar la ley, se
creyó que la pena máxima de dos años de prisión era muy extensa. “Los pocos
jueces que la conocen o quieren hacerla cumplir se encuentran con que es poco
lo que pueden hacer. Solamente decirle al que maltrató: ‘vaya a su casa y
piense en lo que hizo’”, explicó.
Sin
embargo, Carlos no cree que la prisión sea la pena más efectiva para el maltrato
animal: piensa en penas sustitutivas, como por ejemplo cumplir la misma
cantidad de horas que el individuo pasaría en la cárcel colaborando en un
refugio. “Si maltrataste a un animal, aprendé la lección viviéndola desde
adentro”, dice. “Capaz que a nosotros nos ven como que estamos mal
de la cabeza por querer humanizar un poco al perro. Pero no es eso, es darles
el lugar que se merecen, que necesitan”. Valora que desde las escuelas y liceos
se intente incentivar a los niños y jóvenes a preocuparse por los animales en
situación de calle.
“Capaz que a nosotros nos ven como que estamos mal de la cabeza por querer humanizar un poco al perro. Pero no es eso, es darles el lugar que se merecen, que necesitan"
En
el refugio se toman muy en serio la adopción responsable de los perros. Buscan
reducir la cantidad de animales en su refugio, porque es cierto que el espacio
no es suficiente, pero a la hora de solicitar a un adoptante la devolución de
un perro al refugio, Carlos lo hace con gran autoridad. “El proceso de dejar ir
a un perro es difícil. Los tenés acá las 24 horas, y cuando se los llevan
pensás: ¿los van a tener bien? ¿Les van a dar de comer? ¿No les va a faltar
nada? Cuando das un animal pretendés que lo tengan mejor de lo que lo tenés
vos”, dice.
El
único aspecto que reconoce que les falta a los integrantes de su refugio es
mayor atención para cada uno, que es imposible de cumplir teniendo 61 animales
a su cargo. A pesar de ello, a la hora de dar en adopción a un perro, Carlos
tendrá siempre un ojo sobre él: pasa por la puerta de su nuevo hogar, presta
atención al Facebook de su nuevo dueño. No se queda tranquilo con haberle
conseguido una familia al animal. “Hay casos en que les das al perro y después
se olvidan que lo tienen. Piensan que no son responsables, pero lo son hasta
que ese perro se muera. ¿Cómo podes ser tan alma podrida, sangre fría de decir
que el perro no te interesa?”. Termina de hablar y solo puedo mirar a la perra
Zoe, que se subió a mi falda y durmió conmigo durante quién sabe cuánto tiempo.
Critica
duramente a otros refugios que se jactan de dar en adopción a muchos perros,
que luego terminan siendo abandonados u olvidados por sus nuevas familias. Se
enorgullece de su forma de hacer las cosas, de cómo cuidan a los perros.
—Cuando
venís creciendo, la gente de arriba siempre te va a querer tapar —afirma
Carlos.
—¿Qué
creciendo? En los me gusta de las fotos nada más, andá a fijarte en la cuenta
de Abitab si venimos creciendo — responde Fernanda.
—Estamos
creciendo igual —dice—Haciendo las cosas bien crecés. Los que hacen las cosas
mal te quieren partir las piernas—. No menciona a quienes se refiere. Prefiere
no hacerlo.
¿Realmente
vale la pena pasar por todo esto para poder tener este refugio? Carlos no me
deja terminar la pregunta para responder que sí, que lo vale completamente. Ver
la evolución de los animales que arribaron heridos; llegar al hogar y que lo
reciban como si hubiesen pasado un mes sin verlo es lo que le genera mayor
satisfacción. “Alguien tiene que hacerlo, nos tocó a nosotros. ¿Por elección? Sí,
por elección. ¿Por fortuna? Sí, un poco por fortuna, porque no creo que ninguno
de los dos pensamos en ningún momento dedicarnos o hacer esto más de lleno. Ves
en la gente el agradecimiento porque lo estás haciendo vos, porque ellos no
pueden o no se quieren comprometer”, dice con orgullo.
![]() |
Foto: Facebook "Ángeles en Libertad" |
Se
percibe la satisfacción de los dueños del refugio por ayudar a alguien
indefenso que no reclama pero agradece. Al alejarse el bullicio disminuye, pero
Carlos y Fernanda permanecen sumidos en las tareas que nunca acaban.
Muchas gracias Nicole Descoueyte Excelente trabajo Mil gracias !!
ResponderEliminarMuchas gracias Nicole, por la entrevista,captaste nuestra idea, nuestra manera de pensar y hacer las cosas para los animales. No tenemos palabras para agradecer tu trabajo. GRACIAS!!
ResponderEliminarGracias a ustedes por permitirme conocerlos más, y ojalá que pueda seguir dándoles una mano en todos lo que esté a mi alcance. Abrazo!
EliminarFelicitaciones Nicole. Tu articulo refleja muy bien como viven Carlos y Fernanda por y para los perros que tienen bajo su cuidado en el refugio. Y además has conseguido transmitir el sentir de ambos respecto al papel que juegan en este mundo tan indiferente frente a la realidad que viven perros abandonados y maltratados. Ojalá hubieran muchas más personas como ellos. Estoy orgullosa de ser madrina del refugio y valoro inmensamente su trabajo honesto y desinteresado. Le ponen pasión y amor a su trabajo.
ResponderEliminarMe gustó mucho este reportaje. Me preocupa la precaria situación de Fer y Carlos. Me quedo pensando qué más podríamos hacer.
ResponderEliminarMe encantó la entrevista, gracias por compartirla ya q no sabía tantos detalles. Conocí a Flor (hija de Fernanda) de casualidad,en una parada de bus en Solymar por el 2015, cuando fui a visitar a mi hija Paula. Vi a una perra solita en la parada e intenté darle lo unico q tenia encima:pan pero a ella no le interesó, fue en ese momento cuando apareció Flor y ambas nos pusimos a charlar...le comenté q le habia dado pan pero no le apeteció, fue cuando ella abrió su bolso y sacó una empanada, se ve que era mas rico q lo mío porque a ella si le comió. También le sacó una foto y me comentó que su madre tenía Refugio en Salinas. Vino el bus y se fue...
ResponderEliminarAsi fue como de casualidad...me enteré del REFUGIO ANGELES EN LIBERTAD. FELICITACIONES A QUIEN REALIZÓ LA ENTREVISTA Y A LOS ENTREVISTADOS.
SOMOS LOS ADULTOS QUIENES TENEMOS LA OBLIGACION DE EDUCAR A NUESTROS HIJOS CON RESPETO Y AMOR DESDE QUE NACEN....SÓLO ASÍ PODREMOS CAMBIAR LAS NUEVAS GENERACIONES. GRACIAS A DIOS MIS 3 HIJAS, PAULA, ANDREA Y LETICIA AMAN TAMBIÉN A LOS ANIMALES.
La verdad... es increíble la tarea que realizan! No es para cualquiera, tenés que tener un corazón, una voluntad e integridad extraordinaria! Gracias Nicole por ponernos al tanto de su sacrificio, excelente tarea, felicitaciones! !
ResponderEliminarHola, a que página me puedo dirigir u otros datos para comunicarme y obtener más información del refugio. Me interesaría colaborar.
ResponderEliminarsaludos
Hola! Podés comunicarte a través de su página de Facebook: https://www.facebook.com/AngelesEnLibertadRefugio/
EliminarTambién tienen esta cuenta de Facebook: https://www.facebook.com/angelesenlibertadsalinasuruguay
Espero que sea de utilidad!
Necesito ayuda urgente para una perrita encontrada en la calle con sarna y lastimada
ResponderEliminar